las fiestas

_________________________________________________________

Un poco de historia

La Vaquilla del Ángel es la fiesta tradicional de mayor arraigo en la ciudad de Teruel cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Antecedentes los hay en abundancia porque en Teruel fue siempre normal correr los toros, pero lo que parece que está claro es que hunde sus raíces en época medieval y que ha ido transformándose a lo largo de la historia. Ya en vida del Venerable Francés de Aranda (1356/1441) era costumbre llevar a la cárcel de la ciudad varios toros para que fueran capeados por los presos y muertos después para su consumo. Debido a la bravura de las reses eran transportados atados con dos fuertes cuerdas para impedir que se desmandaran. La gente que se hallaba por las calles, encontró un aliciente emocional en la provocación a los astados por los lugares donde pasaban, amparados en la seguridad de las maromas. Cuando eso se extendió los que los conducían aflojaban cuerda para que pudieran avanzar y asustar a la gente. Es posible que así naciera la Vaquilla Del Ángel. Con esos antecedentes y diversas épocas de prohibición a lo largo de la historia, llegamos a nuestros días en el que La Vaquilla del Ángel es una fiesta variable y se desarrolla el segundo domingo después de San Pedro, o el más próximo a San Cristóbal, en el mes de julio, desde el sábado al lunes.



 

800 ANIVERSARIO DE LOS AMANTES.


Cuenta la tradición que a principios del siglo XIII vivían en Teruel los jóvenes Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura, descendientes de familias muy principales.

La vecindad de ambas casas y el trato constante desde la infancia, se convirtieron con el tiempo en un profundo amor mutuo; entonces Juan Diego solicitó a D. Pedro Segura, padre de Isabel, la mano de su hija.

Este, aunque estimaba la nobleza y las dotes del pretendiente, rehusó aceptar alegando la escasez de fortuna por tener hermano mayor que heredaría a su padre.

Informado Juan Diego de esta dificultad, tras mucha insistencia consiguió que la familia de Isabel le concediera un plazo de cinco años para lograr mejorar su situación de hijo segundo y poder así casarse con Isabel.

Juan Diego partió a la guerra comprometiéndose a regresar en el plazo de cinco años con la fortuna necesaria para contraer matrimonio con Isabel. Pasaron los años, y en Teruel nadie tenía noticias de Juan Diego.

El plazo de cinco años llegó a su fin y el muchacho no regresó.

La falta de noticias y el retraso en su vuelta llevó a pensar a todo el mundo que Juan Diego habría muerto en alguna batalla y por eso no había regresado cumplido el plazo.

Pensando que Juan Diego estaba muerto, Isabel acabó casándose con otra persona.

El mismo día de la boda, regresó Juan Diego a Teruel cargado de honores y riquezas, pero era demasiado tarde, Isabel se había casado y pertenecía a otro hombre.

Desesperado, Juan Diego se reunió con su amada para despedirse de ella, rogándole que, en prenda de su imposible amor, le diera un beso. Ella, invocando su honradez, se lo negó y entonces, Juan Diego cayó muerto a sus pies.

Al día siguiente, la familia Martínez de Marcilla dispuso los funerales de Juan Diego en la iglesia de San Pedro.

Durante la celebración litúrgica, todos los asistentes vieron acercarse al cuerpo muerto de Juan Diego a una dama encubierta que, llegando hasta él, descubrió su cara, lo besó, y cayó desplomada sobre él.

Todos los presentes en el entierro se acercaron para socorrerla, y cuando fueron a apartarla vieron que era Isabel de Segura; que había ido a dar a Juan Diego, el último beso que le negó en vida y, al dárselo, ella también cayó muerta desplomada sobre él.

Las gentes de Teruel interpretaron la muerte de los dos jóvenes como una prueba de amor auténtica y, ya se decidió en aquel entonces, que ambos jóvenes fueran enterrados juntos para siempre.